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martes, 23 de marzo de 2010

Yo que ni sé quien soy (Construcción de una analista en colectivo) por Lilian Estigarribia

Por Lilian Estigarribia


Yo que ni sé quien soy, paro el colectivo después de esperarlo 20 minutos, subo dejando algo atrás, busco un asiento y me desplomo, una hora y media de viaje me esperan, suspiro y de paso bostezo, no me cuesta nada, las 22.25 hs me dice mi reloj, apoyo la cabeza contra el vidrio y comienzan a aparecer muy despacio palabras, frases, frases eternas cristalizadas, cansadas, viejas, se asoman también repeticiones abundantes, presentes, rozagantes, llenas de vida o de muerte, vueltas por el mismo lugar una y otra vez y otra y otra, por momentos se turnan y van reclamando mi atención, seis pacientes que se niegan a quedarse en el consultorio, restos que acepto como compañía.
Yo que ni sé quien soy sigo escuchando, “Tengo que confesarle algo – dice Manuel- no se lo puedo ocultar” y suelta, deja salir una bocanada de palabras oscuras, densas, pesadas, como un humo negro invaden el consultorio, yo impávida, aparentemente, no digo nada, continúa: “Cuando salgo de aquí siento 10 Kg. menos” me pongo contenta, pero no me dura mucho, pienso: bueno, se confesó y sintió alivio, me pregunto en que lugar me puso, me pregunto si solo buscaba aliviarse si es posible otro trabajo ahí, me persigue esa confesión, pero bueno algo de esa culpa tan implacable comenzó a moverse, a salir de a poquito, Mm, no me convence, pienso en mi paciencia en dar tiempo en darme tiempos.
El cole atraviesa otro pueblo ya un poco desierto bajan algunos, suben otros, arranca, continúo pegada a la ventanilla, yo que ni se quien soy me veo sentada en el consultorio, me veo estando ahí sin estar, me veo como alguien que no tengo idea quien es, me veo como esa madre, como ese padre, como ese rasgo, ese rastro, lo sigo cuando puedo, me detengo, me detienen, parece que no es por acá, me escucho decir e irrumpe: “Tu mamá , tu abuela – me corrijo. Uhhhh, que lapsus, sigo hablando, lo paso por alto, no lo marco, me persigue, ella habla y dice: “mi mamá, perdón mi abuela”- dice. Y se hace la luz, empiezo a escuchar, marco los lapsus sin entender bien por que, sigue: “yo a los 8 años me hice cargo de mis 3 hermanitos porque mi mamá estaba muy deprimida, mi papá y yo nos encargábamos de que todo siga funcionando en la casa” fueron necesarios dos lapsus para ir construyendo algo, lapsus de su inconsciente?, del mío?, propiciado por el análisis?. Y mis preguntas van construyendo, una analista? Un analizante? Un análisis?. No aparecen las respuestas, será un viaje solo de preguntas.
Y yo que ni sé quien soy intervengo, con seguridad algunas veces, cuando irrumpe, cuando sale sin que sepa por que, pero si yo no diría eso, tampoco se me había cruzado, otras no: “¿y usted doctora, tiene hijos?- pregunta Marcela, Ehhhhh, pienso, tengo? No tengo? No me acuerdo? Que digo? No tengo que responder, me digo, abro la pregunta? Ehhh, pasa el tiempo, me rindo: “no”-contesto. “Ahhhh, dice como confirmando su sospecha” yo me castigo, pero si no tenía que responder, me castigo, después cedo, en psicoanálisis no existen fórmulas, me digo, estos viajes también me permiten desarmar, eso que parecía solidificado, esa palabra que suelto y que no la puedo recuperar, esa palabra con sus consecuencias, me voy aflojando, y me pregunto porque me vi obligada a responder, me tranquilizo, porqué me lo preguntó, ya ni me acuerdo, que raro. Comienzan a dibujarse unas luces, muy chiquitas, falta poco para llegar, de a poco van apareciendo menos palabras, menos dudas, menos preguntas, me alejo, las calles están mojadas y una leve llovizna persiste, otra realidad me abre los brazos, yo me entrego, me preparo para bajar, busco una rotisería en el camino, ya llegaré a mi casa, este trabajo seguirá, en otro momento, en otro lugar…

lunes, 22 de marzo de 2010

Con Freud, entre arengas y actitudes, para Psicoanálisis con calle.

por Héctor García

¡Pongan huevos, carajo!, manga de cagones!...se escuchaba en una tarde de domingo, que languidecia estrepitosamente al compás del lamento furioso de un hincha, que fervoroso y apasionado, sufría las consecuencias desastrosas de la mala preformance de su equipo, que parecía deslizarse rápida e inexorablemente hacia el descenso de categoría, mala cosa por supuesto....


El insulto-arenga, que semana a semana podemos escuchar, en un país y una ciudad que respira y transpira fútbol en abundancia, sonaba como una venganza admonitoria, como el final anunciado de un recorrido libidinal, en el que se podía intuir lo precario y a la vez necesaria e irremediablemente fugáz y transitorio, de aquellos encuentros amorosos fundados en la pasión y el "flechazo" recíproco y fulminante. La cumbre de un éxtasis fabuloso, suele parecerse mucho en intensidad y arrebato, al cáos de reproches, al encono cuasi asesino y las ganas "de no verte nunca más", como cantaba Valeria Linch unos años atrás...



En aparente consonancia con esto, esa noche se podía escuchar a un conocido comentarista deportivo, pontificando con vehemencia que el equipo en cuestión, no mostró la "actitud" necesaria y suficiente que sin duda hacía falta en momentos tan decisivos, y lamentablemente tendría que atenerse a las consecuencias...

Me quedé pensando... huevos, actitud?, ¿que se le reclamaba exactamente a quién tenía por delante la responsablidad y la "obligación" de no defraudar, de colmar las expectativas que entre líneas, dejaban asomar el preámbulo de una angustia inminente?

El despliegue semántico a que me llevó, infructuosamente, el pequeño ensayo que intenté, detrás de dos palabras que parecían abrochadas a los lugares comunes en los que arroja anclas nuestra "prosapia" lenguajera posmoderna, ese destino inexorable al que sometemos a algunas palabras... apremiados quizás por una necesidad expresiva, cuyos intentos muchas veces sólo refllejan la incertidumbre y el miedo que nos agita, y que a la vez parece constituir últimamente, el único motor dispuesto a empujar el barco...

Decía, la búsqueda de respuestas consistentes, desechados los recursos habituales, parecía detenerse en aquellas definiciones académicas que no reflejaban de ninguna manera la vitalidad que poseen los significantes, cuando van de la mano con la historia y la época en que se vive...

El pequeño Larousse ilustrado no me servía esta véz para mis própositos. Así que, echando mano a un Freud tantas veces requerido y salvador, traté de orientarme en los meandros subjetivos, que esconden silenciosos las claves de nuestras conductas y construyen el universo sintáctico en el que solemos perdernos habitualmente, en pos de los espejismos de nuestras urgencias....



Para tener actitud, ¿hay que poner huevos? o viceversa, para poner huevos, ¿hay que tener actitud?

Si intentaba asomarme por sobre el berenjenal en el que me había metido, podía divisar claramente la estrella que guiaba mi nave en plena tempestad. Los "huevos", la "actitud", solamente cobraban relevancia entonces, como mascarones de proa, como los atributos visibles de una "voluntad" desconocida, de una fuerza ignorada y oculta que venía a poner orden, que otorgaba sentido y dirección, y que encontraba en las distintas "actitudes" la expresión más o menos ajustada, a los fines que mi reciente hallazgo proponía....

Con la ayuda de Freud, había encontrado los espacios y reductos del deseo. Ese duende esquivo y enigmático, habitante privilegiado de nuestra lengua, señor de pausas, bordes e intersticios. Eureka!, había encontrado quién debía dirigir la orquesta, no había ninguna posibilidad de melodía sin él.¿ Acaso se habían preguntado por el deseo de esos once "cagones" que salian a la cancha, el afamado periodista o el hincha quejumbroso y despechado?, seguramente que no.



¿Cuanto pesaba el yugo de la exigencia, del triunfalismo, del "negocio que está en juego" , sobre once almas que parecían decidir su destino en noventa minutos?. ¿Cuanto pesaba el éxito televisivo, para que este buen señor decidiera ignorar un aspecto esencial de la condición humana, tál véz porque nunca se había preguntado por lo esencial de su vida?. ¿Que trataba de ignorar el hincha destemplado, con la agresividad del insulto y la pasión desenfrenada? ,¿tál véz la emergencia de un deseo que reclamaba su atención y le pedía que aflojara un poco con una costumbre que lo entretenía pero a la véz lo devoraba?.

Deseo que una cultura de nuevo milenio parece empeñarse en rechazar y marginar, aislándolo en sus articulaciones, relegándolo a frases hechas y a palabras rimbombantes o estridentes, como si fuera un enemigo peligroso y amenazante, algo que es preciso vigilar y tener bajo control. Sin tener en cuenta que es lo único que nos puede rescatar de la desesperanza, lo único que nos puede hacer pensar y creer que no todo se perdió, con un partido de fútbol, o con un amor.....



Es creo, lo que tratamos de hacer, todos los días, en nuestra práctica clínica. Darle lugar al deseo que se escucha, en la palabra de quien nos consulta. No capturarlo en estándares y prefiguraciones que sólo sirven para generar culpa y agrandar cada vez más, aún, la brecha que separa la salud de la enfermedad.



Héctor, marzo de 2010

lunes, 8 de marzo de 2010

Figuras en construcción. Diálogo entre Beto Manino y Claudio Giannini sobre la medicalización de la existencia

De: Claudio Giannini





Enviado el: Viernes, 05 de Marzo de 2010 05:13 p.m.


Para: jmanino@arnet.com.ar



Asunto: Psicoanálisis y medicina



hola Beto


Quería agradecerte por haberme enviado este texto. No te contesté antes porque quería tomarme tiempo para leerlo detenidamente. Me gustó mucho, me hizo pensar varias cosas, me disparó ideas que tenía sueltas por ahí como el "no sabemos qué puede un cuerpo" de Spinoza, el estadio del espejo de Lacan y la matemática como fundamento de la ciencia. Y no sólo me las evocó sinó que me hizo ver un hilo conductor que no había pensado. El planteo de interrogantes en este autor me pareció sobretodo muy nítido. Juan Carlos Gené (el director de teatro) tiene un texto en el que dice que no es que tengamos un cuerpo, ¡somos un cuerpo!. Claro, hay que tener en cuenta que no está hablando de un cuerpo biológico mecanizado al estilo médico porque estaríamos en la misma -en el extremo de la canallada-, si no más bien de la "carne viva". ¡Me encantó ese planteo en términos de "carne"! Y también se me superponen nociones de teatro, pues, justamente a los médicos se les enseña con rol playing, los médicos son actores clásicos, de esos ke declamaban sus líneas y estaban al servicio de la literatura. A partir del arte de vanguardia (sigo a Artaud) el teatro empezó a tener actores vivos que simplemente usaron al texto como una entre otras herramientas para expresar (pasó a ser un elemento más y no lo central). Desde este símil la matemática también podría ser un elemento más y no el central... Y bien, me quedo asociando, ya veré si en algún momento puedo escribir algo.









Te agradezco el espacio que siento que me brindás.









Con afecto









Claudio









Claudio: Parece que estamos sintonizando el mismo canal. Dejémoslo correr por el tiempo que sea. Sí que sea solo el tiempo que nos ponga en contacto con el cuerpo, la medicina y el psicoanálisis. Quiero que estas asociaciones tuyas sean participadas a otros colegas de la reddepsicoanalistas. Por eso la paso al grupo google de la red. Quizás algún otro se enganche.




La espinosa cita de Spinosa “No sabemos qué puede un cuerpo” me recuerda otra de Jean Luc-Nancy de su libro “Corpus” *. En el capítulo “Viene el mundo de los cuerpos” se puede leer:

“Ha habido cosmos, el mundo de puestos distribuidos, lugares dados por los dioses y a los dioses. Ha habido res extensa, cartografía natural de los espacios infinitos y de su amo, el ingeniero conquistador, lugarteniente de los dioses desaparecidos. Ahora viene mundus corpus, el mundo como doblamiento proliferante de los lugares (del) cuerpo”.



En el límite del sentido, de los que se organiza en sentido, los cuerpos se tocan, se separan, se encalzan ( parece que se “encalzan” de tal manera que todavía no ha habido una lexicalización de esta metáfora. Si es que es una metáfora) . A partir de estas cuestiones, el “ver” y el “tocar” cobran otra dimensión que no es la del sentido, o que no es solo la del sentido. Así, en unos párrafos anteriores Jean-Luc Nancy decía:

“El cuerpo fuerza al pensamiento a ir siempre más lejos, siempre demasiado lejos: demasiado lejos para que aún sea pensamiento, pero nunca lo bastante lejos como para que sea cuerpo. De ahí que no tenga sentido de hablar de cuerpo y de pensamiento separadamente uno del otro, como si pudiesen ser cada uno subsistentes por sí mismo: no son otra cosa que su tocarse uno a otro, el tacto de la fractura de uno por otro, de uno en otro (no se unifican). Ese toque es el límite, el espaciamiento de la existencia. Sin embargo, tiene un nombre, se llama “alegría” y “dolor” o “pena”. Este nombre no significa, sin duda, otra cosa que el límite de la significación --y el borde mismo, el arranque del espaciamiento”.



Como decías que dice Genet, cuyo texto quisiera leer y hasta podríamos subirlo al blog de Psicoanálsiis y medicina- “Somos un cuerpo”; a lo que podríamos agregar: pulsional, de goce, que no se reduce a la significación físico-matemática del cuerpo biológico. Esa “carne viva” necesita entrar en escena y el teatro es, o me parece que puede ser su vía. Lacan en el seminario XII, situaba el objeto a, del que entiendo que es este cuerpo de existencia del que hablamos, en términos de un “practicable” como los utilizados en la escena teatral.



Estamos también pudiendo darle una dimensión no idealizada al estadio del espejo y encontrar los limites que lo soportan. Es otra escena y otro teatro. Cuando mencionás a Artaud me recordó que leí por primer vez “El teatro y su doble” a los 20 años. En ese entonces me produjo una enajenación tal que me asustó. Era una época en que trataba de juntar mis pedazos de existencia, de unificarlos como pudiera y Artaud me llevaba a este otro espacio donde los actores vivos son cuerpos que existen.



Espero que estas dos cartas pueda leerla Melina Henrich. Van especialmente para ella y sus intereses del teatro la medicina y el psicoanálisis. La seguimos…. Un abrazo, Beto.





* El libro es de editorial trotta y es algo caro. Lo ofrezco para fotocopiarlo.

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